envíado por unionporlalibertad | 29 Agosto 2008 | sin comentarios
Por Pamela Asturizaga
Bolivia se fragmenta y se asfixia entre múltiples procesos electorales; Elecciones Generales, Municipales, Prefecturales, Referéndums Vinculantes, Asambleas Constituyentes, Referendos Autonómicos y ahora Referendos Revocatorios . Durante los últimos 4 años (2004-2008) se han efectuado 12 comicios electorales, cada uno con su respectiva dosis de esperanza dirigida a solucionar en alguna medida la compleja y constante crisis sociopolítica en la que se desarrolla (o se estanca) el país.
Lejos de lograr un consenso en la toma de decisiones públicas, la mayoría de los últimos procesos han agudizado el antagonismo político-cultural existente entre las regiones de oriente y occidente, además de consumir considerables sumas del Tesoro General de la Nación. El Referéndum Revocatorio del 10 de agosto pasado no mostró resultados significativos referentes a un cambio en el escenario político, sino que fortaleció la polarización mencionada, lo cual se verifica en los siguientes puntos:
Evo Morales conserva su liderazgo al obtener una votación del 67.41% [1] a nivel nacional.
Morales se posicionó en 6 departamentos, en los restantes 3: Tarija, Santa Cruz y Beni, que forman parte de la oposición regional, obtuvo porcentajes no menores al 40%, lo cual indica un latente y considerable respaldo al Presidente.
Los Prefectos de la denominada “Media Luna” fueron ratificados, al igual que el apoyo al proceso de autonomía departamental, pero sin embargo su liderazgo no traspasa sus fronteras regionales.
Dos Prefectos opositores fueron revocados ( La Paz y Cochabamba), hecho que le otorga cierta ventaja al Movimiento Al Socialismo (MAS) para poder ampliar geográficamente su control político, al tener la facultad de nombrar Prefectos interinos hasta que se convoque a nuevas elecciones prefecturales en estos departamentos.
El desarrollo del proceso electoral fue criticado por la OEA. Sus 125 observadores constataron que en el 32% de las mesas de sufragio se evidenciaron irregularidades como la existencia de propaganda electoral el día de la votación, vulneración del voto secreto, clonación de cédulas de identidad, lo cual impidió el voto de varios ciudadanos y alteraciones en el conteo de la votación. Una auditoria profunda al padrón electoral es fundamental para los futuros comicios electorales [2], pero aún así recuperar la credibilidad del organismo electoral será una tarea de larga data.
No se puede negar la legitimidad que tienen estos procesos, “ la voz del pueblo, es la voz de Dios ”; sin embargo, ¿es posible cuestionarla? ¿Cuántos ciudadanos saben con certeza el contenido y sobre todo la interpretación tanto del proyecto de Constitución del MAS como el de los Estatutos Autonómicos de la Media Luna? Si bien es cierto que Bolivia necesita una reforma a su Carta Magna, ésta debe tener compatibilidad con el proceso de descentralización iniciado en 1994 con las autonomías municipales y la Ley de Participación Popular. Esta es la lectura más obvia que se puede hacer de los resultados del Referéndum Revocatorio, es decir, es el imput que la ciudadanía demanda y otorga al sistema político boliviano.
Un clima de coexistencia mutua se ve distante pues actualmente la cultura de la confrontación prima a la del diálogo. Por un lado, el oficialismo continúa con su campaña electoral eterna basada en la repartición de bonos, y por el otro surgen falsas promesas de poder promulgadas por los líderes regionales, ambos bandos con un mismo objetivo: conquistar al electorado.
El consenso no es imposible. La racionalidad en la compatibilidad de ambos procesos debiera ser el objetivo y la ausencia de verdadera voluntad política es la que hace que estos procesos sean inviables.
[1]Resultados Oficiales de la Corte Nacional Electoral, http://www.cne.org.bo/resultadosrr08/resultadosrr08.htm
[2]Referéndum Autonómico de Chuquisaca, Referéndum de Aprobación de la Reforma Constitucional, Referéndum por la Sede de la Capitalidad, Elecciones Prefecturales en Cochabamba, Elecciones Prefecturales en La Paz
Artículo publicado por CADAL
envíado por unionporlalibertad | 2 Enero 2007 | sin comentarios
El gobierno de Kirchner tiene que brindar aclaraciones sobre el secuestro de Gerez, quien presuntamente fue liberado por sus captores tras el discurso presidencial en cadena nacional.
Sus funcionarios están haciendo acusaciones fortísimas contra Luis Patti y su entorno, sin dar pruebas de su supuesta participación en ese secuestro.
¿Dónde ha quedado la presunción de la inocencia? ¿Dónde están las garantías constitucionales?
¿Qué queda de la Constitución?
envíado por unionporlalibertad | 27 Diciembre 2006 | sin comentarios
Apoyamos la campaña de Ricardo López Göttig como precandidato a Senador por la Ciudad de Buenos Aires en el 2007. En el silencio reinante en la oposición al gobierno de Kirchner, es el único candidato que está haciendo propuestas concretas para ampliar las libertades y en defensa del derecho de propiedad, a saber:
1) Bajar el gasto público, empezando desde su banca de Senador.
2) La privatización de Canal 7
3) El ingreso al ALCA.
4) Una reforma política que limite los períodos de reelección del presidente y los legisladores, que elimine el voto obligatorio y el Jefe de Gabinete de ministros.
5) Eliminar el Impuesto a la Transferencia Inmobiliaria.
Aún falta casi un año para la elección de senadores, y López Göttig se anima a defender sus ideas sin vueltas, con honestidad y convicción: como debe ser.
envíado por unionporlalibertad | 12 Diciembre 2006 | sin comentarios
Por Gabriel Salvia
Mientras en la tarde del 10 de diciembre de 2006 moría en Santiago de Chile el dictador chileno Augusto Pinochet, en La Habana seguía internado con diagnóstico secreto el dictador cubano Fidel Castro. Ambos dictadores, además de tener en común la violación a los derechos humanos, comparten entre sus seguidores la idea de que el fin justifica los medios. En los dos casos se desprecian las libertades democráticas fundamentales, cuya represión representa para sus defensores un "detalle menor" ante algo mucho más importante como "combatir al comunismo y garantizar las libertades económicas" en el caso de Pinochet o "combatir al imperialismo y asegurar los derechos sociales" en el caso de Fidel Castro. Así, los extremos se tocan y utilizando la misma lógica los termina uniendo su desprecio por los derechos fundamentales.
El caso de la "lógica pinochetista"
Además de ser una de las tantas dictaduras militares de América Latina que llegó al poder a través de un golpe de estado para "evitar el comunismo", el caso del "pinochetismo" es el ejemplo emblemático de la implementación de reformas económicas de mercado bajo la supresión de libertades civiles y políticas, y por tal motivo se lo ha calificado de "fascismo de mercado". Por eso, el "pinochetismo" es más que una dictadura y representa el atajo de la derecha anti-democrática para promover políticas de mercado. Así, el pragmatismo del "pinochetismo" puede verse actualmente en China o Singapur, por lo cual algunos referentes del "fascismo de mercado" llegan a sentenciar que "en China hay más libertad que en Francia", pues para ellos la libertad se circunscribe a lo económico.
También el "pinochetismo" encierra la teoría de que las reformas de mercado requieren de mano dura, o sea de una dictadura, pues su implementación es dificultosa en una democracia donde los grupos afectados ejercen una presión muy grande para mantener sus privilegios y evitar así privatizaciones o desregulaciones de su sector.
Curiosamente, la "lógica pinochetista" es también aplicada en la actualidad por los gobiernos "progresistas" de América Latina en su política exterior con China. Efectivamente, los gobiernos de la Concertación chilena, de Kirchner en la Argentina y de Lula en Brasil, priorizan el intercambio comercial con la dictadura China sin mostrar ningún tipo de consideración por la violación de los Derechos Humanos en el gigante asiático.
La "lógica pinochetista" aplicada a Cuba
Aunque nadie se atrevería a justificar las atrocidades del nacionalsocialismo de Hitler en Alemania, ya sea argumentando que la construcción de autopistas garantizó el "pleno empleo" o que sus diabólicos experimentos produjeron en algunos casos a avances en la medicina, en el caso de la defensa de la revolución cubana de Fidel Castro se utiliza una lógica similar a la del "pinochetismo". Para los defensores del castrismo la supresión de las libertades civiles y políticas, más las económicas y sindicales, son cuestiones secundarias que se justifican por algo más importante para el Estado como garantizar los derechos sociales y -como toda dictadura- agregarle el componente orwelliano de la amenaza externa. Este es el lugar común en la defensa o justificación de la larga dictadura de los hermanos Castro, al cual apelan desde los fanáticos castristas; pasando por los periodistas, artistas y deportistas frívolos; y las personas más desinformadas que simplemente repiten desde su comodidad las frases hechas de la propaganda cubana.
Lo cierto es que muchos de quienes viven en Cuba apelan a cualquier recurso para salir de su país, arriesgando incluso sus propias vidas, lo cual evidencia que prefieren la libertad y la incertidumbre económica de las democracias en lugar de la represión y los "logros de la revolución". Igualmente, está claro que quienes desde América Latina emigran buscando un destino en el cual tengan una mejor calidad de vida, en estos casos no es precisamente a Cuba adonde se van a radicar. En ambos casos, el "voto con los pies" es un dato por demás elocuente frente a los resultados de la revolución cubana.
La cultura democrática
En definitiva, lo que demuestra la lógica del pinochetismo y del castrismo es un desprecio hacia las libertades democráticas fundamentales, donde el fin justifica los medios, y en ambos casos se trata de vidas humanas. Eso sí, tanto la "lógica pinochetista" de la derecha ultra-conservadora, como la misma lógica de la izquierda fascista y anti-democrática que defiende fanáticamente a la dictadura de los hermanos Castro, son un reflejo de lo poco consolidados que están los valores democráticos en América Latina. Y eso es lo más preocupante de ambas dictaduras: el legado represivo en que se basan sus políticas económicas o sociales y que por derecha e izquierda encuentra a una gran cantidad de seguidores que coinciden en su desprecio a los valores democráticos que representan un gran avance de la libertad y de la convivencia política.
A diferencia de cualquier tipo de dictaduras, en democracia las políticas públicas con mayor o menor intervención del Estado se aprueban por consenso y pueden ser modificadas a través de los cambios de gobierno que se producen en las elecciones libres y competitivas. Son políticas muchas veces lentas, necesariamente graduales, cuyos logros económicos y sociales se consolidan en el mediano y largo plazo con alternancia en el poder. Entender esto es desarrollar una cultura democrática, lo cual todavía representa un gran desafío para el futuro de América Latina.
Pinochet, Castro y la "ceguera ideológica"
A pesar de utilizar las dictaduras de Pinochet y Castro la misma lógica represiva, no han recibido la misma consideración de parte de la comunidad democrática internacional. Efectivamente, mientras resulta muy generalizado el rechazo internacional al dictador chileno Augusto Pinochet, no sucede lo mismo con Fidel Castro, cuya dictadura lleva casi medio siglo y como en las monarquías absolutas el poder se traspasa hereditariamente. Y precisamente, uno de los motivos que ha mantenido en pie a la larga dictadura cubana es la complacencia internacional, en algunos casos debido a la "ceguera ideológica" por la cual se condena a un dictador de "derecha" como Pinochet, pero no se hace lo propio y se trata de justificar lo injustificable ante un dictador como Fidel Castro por la coincidencia con sus políticas "anti-imperialistas".
Un ejemplo de lo anterior es el poco apoyo y la falta de solidaridad internacional que tuvo el "Proyecto Varela", una iniciativa similar a la que en Chile permitió terminar con la dictadura de Pinochet. Efectivamente, al igual que en Chile, la Constitución cubana contenía un artículo que permitía la convocatoria a un referéndum si se reunían como mínimo diez mil firmas. Oswaldo Payá Sardiñas, principal promotor del "Proyecto Varela", reunió once mil veinte firmas que presentó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba pidiendo apertura política y económica. Sin embargo, su iniciativa nunca fue considerada y la dictadura cubana respondió con un simulacro de referéndum convocado en cuatro días donde se modificaba el artículo al que recurrió Oswaldo Payá y se declaraba "irreversible a la revolución". A su vez, la dictadura castrista lanzó en marzo del 2003 una ola represiva contra opositores pacíficos, principalmente dirigida a promotores del "Proyecto Varela", los cuales llegaron a recibir hasta veintiocho años de prisión.
Cualquier tipo de dictadura es condenable, pero la complacencia internacional hacia cierto tipo de dictaduras, como es el caso de la de Fidel Castro en Cuba, demuestra que aún en los países democráticos se mantiene un resabio autoritario al avalar a este tipo de regímenes primitivos. Al respecto, el periodista Robert Cox, un héroe en la defensa de los derechos humanos en Argentina, se planteaba lo siguiente en el prólogo del libro "Otra grieta en la pared", de Fernando Ruiz, publicado en el año 2003: "En mi trabajo para la Sociedad Interamericana de Prensa, dos veces como presidente de la Comisión de Libertad de Prensa y como presidente de la Sociedad entre 2001 y 2002, he encontrado más similitudes que diferencias entre gobiernos de la derecha llamados autoritarios y regímenes totalitarios de la izquierda. Cuando estuve en Cuba, reconocí las mismas técnicas de las fuerzas de represión en contra de los disidentes que en el Chile de Pinochet o en la Argentina de Videla. Pero hay una enorme diferencia de percepción. Los horrores cometidos bajo Pinochet y Videla son universalmente reconocidos y condenados. Pero la dictadura de cuarenta y cuatro años es celebrada y Fidel Castro puede deleitarse con la admiración recibida en Buenos Aires durante su estadía en ocasión de la asunción del presidente argentino Néstor Kirchner. Muchas veces me he preguntado por qué Castro no es abominado como lo es Pinochet, teniendo, en mi opinión, muchísimo en común. Aun aquellos que impulsan la causa de los derechos humanos y se identifican con estas ideas ven al régimen castrista desde una perspectiva distinta, desde otro punto de vista".
Una respuesta al planteo de Cox sería que la condena a Pinochet y la complacencia con Castro demuestran la ausencia de una honesta defensa de los derechos humanos cuando ambos dictadores comparten la misma lógica represiva. Lamentablemente, ejemplos de personas como Cox no abundan en América Latina, porque en cada caso son víctimas de lo que el periodista definió como "ceguera ideológica".
Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).
envíado por unionporlalibertad | 19 Noviembre 2006 | sin comentarios
Por Ricardo López Göttig
Desde los comienzos de la organización constitucional argentina ha habido reformas políticas exitosas y fallidas. La mayoría de ellas intentó una mejor representación de los ciudadanos en una República verdadera.
Uno de los primeros impulsores de una reforma electoral que acercara a los legisladores y a los votantes fue Sarmiento, durante su presidencia. El propuso la votación de los diputados en circunscripciones uninominales. Esta propuesta se reiteró en años posteriores, impulsada por figuras notables, como Nicolás Avellaneda y Guillermo Rawson, pero nunca pudo superar el escollo de la discusión sobre la constitucionalidad del sistema. Fueron el presidente Julio Roca y su ministro del Interior Joaquín González quienes, en 1902, lograron la aprobación de esta reforma electoral.
El proyecto original contemplaba también el sufragio para los extranjeros de 22 años que fueran propietarios o que tuviesen título profesional, pero esto fue rápidamente desestimado por los cambios políticos que hubiera provocado en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, mayoritariamente pobladas por inmigrantes. En 1904 se votaron diputados nacionales, electores presidenciales y electores de senador por la Capital, por primera vez con el sistema uninominal, lo que llevó a la Cámara baja a algunos representantes de la oposición pellegrinista, del Partido Republicano de Emilio Mitre y del socialismo. En las elecciones parciales de 1905 se siguió incrementando la presencia opositora.
Pero el nuevo presidente de la Argentina, Manuel Quintana, se opuso desde el primer momento a este sistema electoral, por considerarlo inconstitucional, y el Congreso lo derogó en 1905. En 1912, ante el creciente descrédito de las fuerzas conservadoras, la ley Sáenz Peña posibilitó el ingreso de las minorías políticas en el Congreso, ya que otorgaba un tercio de la representación al segundo partido en sufragios, al tiempo que permitía los agregados y las tachas. Fue así como ingresó Luis María Drago como diputado; se consagró habiendo sido segundo en el recuento de los votos individuales, aunque su partido ocupó el cuarto puesto en la Capital Federal. Este sistema permitía que el ciudadano pudiera reacomodar el orden en las listas, sistema ampliamente utilizado para dirimir los conflictos internos de los partidos. Con el voto obligatorio y secreto se buscaba combatir la apatía cívica y el fraude electoral, y el mapa político cambió con los triunfos radicales.
El sistema uninominal fue resucitado en 1951 por el justicialismo, con el fin de reducir la presencia opositora en la Cámara de Diputados. La legislación vigente prohibía las alianzas electorales y quitaba la personería jurídica al partido que presentara candidatos de otras fuerzas, en tanto que la censura afectaba gravemente a los medios de prensa. En ese contexto, el justicialismo aprobó el régimen de circunscripciones con un diseño caprichoso que lo beneficiaba ampliamente, reduciendo la bancada radical a tan sólo una docena de escaños. Durante la presidencia de Arturo Frondizi se retornó a la ley Sáenz Peña, con el peronismo proscripto, y en la presidencia de Arturo Illia se comenzó con el sistema de representación proporcional D’Hont para diputados, vigente hasta la fecha. La innovación de esos años fue la creación de los suplentes de diputados, una anomalía que vulnera el artículo 51 de la Constitución nacional.
En la Argentina hemos tenido reformas políticas de todos los colores, pero las últimas parecen diseñadas más bien para alejarnos de la tan anhelada República verdadera.
El autor es doctor en Historia, investigador de la Fundación Hayek, director del Instituto Liberal Democrático y profesor en la Eseade y en la Universidad de Belgrano.
envíado por unionporlalibertad | 12 Noviembre 2006 | sin comentarios
Después de la derrota electoral sufrida por el gobernador misionero Carlos Rovira, en su afán por perpetuarse en el poder, los kirchneristas se han convertido en contrarios a toda reelección, incluyendo a los intendentes de la provincia de Buenos Aires. Lo curioso es que los intendentes kirchneristas son conocidos por sus continuas reelecciones, con veinte años al frente de sus municipios. Nuevamente, una burla al electorado argentino.
Si realmente Alberto Balestrini quiere una reforma política profunda, debería comenzar por auspiciar una cláusula constitucional que también impidiera la reelección consecutiva de los diputados y senadores, a fin de oxigenar la vida política argentina.
No queremos más Quindimil, Enrique García, la dinastía Posse en San Isidro. No queremos más redes clientelistas, que distribuyen empleos públicos que deben sostener los pobres contribuyentes con sus tasas municipales o aportes de los gobiernos provinciales y federal.
envíado por unionporlalibertad | 1 Septiembre 2006 | sin comentarios
Por Ricardo López Göttig
Una vez más, la Unión Cívica Radical parece estar al borde de una ruptura. Decimos “una vez más” porque el partido tiene esta característica desde sus mismos comienzos, en 1891.
En 1889 se formó la Unión Cívica de la Juventud, un movimiento cívico que se opuso al unicato del entonces presidente Juárez Celman y que comenzó por el llamado del joven Francisco Barroetaveña, tras un artículo crítico de los “incondicionales” en las páginas de LA NACION.
A esta convocatoria se sumaron figuras notables de la política decimonónica: Bartolomé Mitre, Bernardo de Irigoyen, Vicente Fidel López, entre otros. Debido a que se había superado el carácter generacional del movimiento opositor, la agrupación se llamó luego simplemente Unión Cívica.
Tras la renuncia del presidente Juárez Celman después de la Revolución del Parque, la Unión Cívica se constituyó como partido. El general Mitre era el candidato presidencial, acompañado por Bernardo de Irigoyen en el binomio, para el sexenio 1892-1898. Pero el acuerdo que Mitre había hecho con el general Julio Roca para concurrir con una fórmula conjunta con el Partido Autonomista Nacional llevó a que un sector de la Unión Cívica se escindiera, en 1891, formando la Unión Cívica Radical.
La mayoría de los miembros de la Unión Cívica, por su lado, siguieron al general Mitre en la Unión Cívica Nacional, partido que existió hasta 1902.
La UCR concurrió a los comicios presidenciales de 1892 sin mayor resonancia. Pero en 1894 y 1895 obtuvo representaciones parlamentarias por la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, con una bancada de diputados presidida por Francisco Barroetaveña. En tanto, en el Senado estaba representada por Bernardo de Irigoyen y Leandro Alem. La Unión Cívica Radical representaba el ideario liberal clásico: la limitación del poder, la vigencia de la Constitución, la independencia del Congreso frente al Poder Ejecutivo, el respeto por el federalismo y las autonomías municipales, el libre cambio y la libertad en educación. Pero en 1896 se suicidó Leandro Alem, con lo que la figura de su sobrino Hipólito Yrigoyen –un antiguo jefe de policía que había sido diputado nacional del PAN en los años ochenta– adquirió relevancia en el radicalismo bonaerense. Cuando la UCR comenzó a estudiar una alianza con la UCN para enfrentar la candidatura de Julio Roca en los comicios presidenciales de 1898, fue Hipólito Yrigoyen quien desoyó el mandato del Comité Nacional del partido, lo que provocó la primera ruptura de la UCR.
Quienes continuaron bajo el liderazgo de Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña se congregaron con el rótulo de Unión Cívica Radical Coalicionista, mientras que los seguidores de Hipólito Yrigoyen se denominaron “intransigentes”. El radicalismo coalicionista, en 1902, formó Partidos Unidos, con la Unión Provincial, que era la expresión bonaerense del PAN. En 1907, los Partidos Unidos cambiarían su nombre por el de Partido Conservador.
La Unión Cívica Radical tuvo otros divorcios, pequeños pero no menos significativos: el radicalismo principista de Laurencena, en la provincia de Entre Ríos; el radicalismo bloquista en San Juan, con los hermanos Cantoni, antecedente del Partido Bloquista; el menchaquismo, en Santa Fe, y el lencinismo en Mendoza, por mencionar sólo algunas expresiones provinciales. Algunos de estas escisiones apoyaron después a la Unión Cívica Radical Antipersonalista, nacida en 1925, extinguida en 1943 y de la cual salieron dos presidentes de la República: Agustín P. Justo y Roberto Ortiz.
Los radicales K tienen un antecedente en los orígenes del peronismo: la Junta Reorganizadora de la Unión Cívica Radical fue uno de los pilares de la candidatura del coronel Juan Domingo Perón en 1946, junto con el Partido Laborista. Aportaron dos figuras relevantes en esos años: Hortensio Quijano, vicepresidente de la Nación, y el diputado John William Cooke. Más conocida es la historia del último divorcio, entre radicales del pueblo (Ricardo Balbín) e intransigentes (Arturo Frondizi).
La historia del radicalismo es un escenario de grandes y pequeños divorcios que llevó a que sus distintas ramas se entrelazaran con la genealogía de varios partidos históricos de la política argentina.
El autor es doctor en Historia e investigador de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Es Director del Instituto Liberal Democrático de CADAL. Su último libro publicado es "Los fundadores de la República".
Artículo publicado en el diario La Nación, 31 de agosto del 2006.
envíado por unionporlalibertad | 20 Agosto 2006 | sin comentarios
“El pueblo de Cuba vive jornadas de incertidumbre y esperamos que pueda recuperar su derecho al autogobierno.
Lo acompañamos avalando su aspiración a la democracia y la libertad.
Los abajo firmantes defendemos el derecho soberano de la Nación cubana a decidir su propio destino mediante la realización de elecciones libres y pluralistas, con participación de toda su ciudadanía y representación de todos los partidos políticos.
Una sucesión dinástica que pretende adjudicar la soberanía a una familia o a un grupo enquistado en el poder significa desconocer los acuerdos internacionales sobre las facultades de los ciudadanos en un sistema democrático y convalida la sistemática violación de los derechos humanos en Cuba.
Los cubanos tienen el derecho a ser libres, es decir a ejercer sus derechos individuales en la búsqueda de su propia felicidad, pues como bien dijera Juan Bautista Alberdi: 'La patria es libre (soberana) en cuanto no depende del extranjero, pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del estado de un modo omnímodo y absoluto'. Esa ha sido la triste experiencia del pueblo cubano durante los últimos 47 años y confiamos en que la libertad nuevamente ilumine su camino”.
Entre los firmantes se destacan: Enrique Krauze, Escritor, México; Jorge Edwards, Escritor, Chile; Marcos Aguinis, Escritor, Argentina; José Ignacio García Hamilton, Escritor, Argentina; Juán José Sebreli, Escritor, Argentina ; James Neilson, Periodista, Argentina; Fernando A. Iglesias, Escritor, Argentina; Hugo Gambini, Periodista, Argentina; René Balestra Abogado y Profesor, Argentina; Alvaro Vargas Llosa, Escritor, Perú; Isay Klasse, Editor, Argentina; Roberto Cortés Conde, Historiador, Argentina; María Sáenz Quesada, Historiadora, Argentina; Enrique Valiente Noailles, Filósofo y escritor, Argentina; Ricardo López Göttig, Historiador y Escritor, Argentina; Mario Javier Saban, Historiador y Escritor, Argentina.
envíado por unionporlalibertad | 25 Julio 2006 | 2 comentarios
Aunque no tenemos ninguna vaquita, adherimos al paro agropecuario, para que el estado deje de intervenir en el mercado y para que empiece a respetar el derecho de propiedad y el de comerciar libremente, tal como lo establece el artículo 14 de la Constitución de la Nación.
envíado por unionporlalibertad | 30 Junio 2006 | sin comentarios
Por Ricardo López Göttig
Desde la asunción del presidente Evo Morales, la nación boliviana está sumida en una ola de cambios políticos y económicos, y entre ellos se encuentra la convocatoria para la elección de convencionales constituyentes para reformar el texto fundamental de la República. Quien se ha inmiscuido desembozadamente en este proceso electoral es el presidente venezolano Hugo Chávez, quien sugirió públicamente al presidente Morales que la asamblea constituyente se declarara con poder constituyente originario, a fin de revolucionar el sistema vigente. Esto es, precisamente, lo que llevó adelante el movimiento bolivariano de Hugo Chávez en su natal Venezuela, cuando asumió el rol fundacional de una nueva república, arrasando con lo anterior.
Un poder constituyente originario significa no estar limitado por la Constitución anterior, por lo que automáticamente se revocan los mandatos de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. De hecho, una de las propuestas que están barajando varios partidos -entre ellos el MAS de Evo Morales, el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), ADN (Acción Democrática Nacionalista), la Unidad Nacional y Convergencia- es que aspiran a implantar el sufragio directo para elegir a los ministros de la Corte Suprema, el Fiscal General, magistrados y el Defensor del Pueblo, lo que llevaría a la completa politización del Poder Judicial. Esto supondrá, además, un deterioro mayúsculo a la seguridad jurídica en Bolivia, una demanda que están señalando varios gobiernos, entre ellos el de España. Por otra parte, Evo Morales ha anunciado que la intención de su movimiento es obtener el 70% de los constituyentes, a fin de "darle sopapos" al orden constitucional vigente. De acuerdo al sistema electoral boliviano, se votará el domingo 2 de julio de 2006 un total de 255 constituyentes. El artículo 14 de la Ley Especial de Convocatoria a la Asamblea Constituyente señala que "210 constituyentes serán elegidos en las 70 circunscripciones aprobadas por la Corte Nacional Electoral (CNE) para la última elección nacional. Tres en cada una de las circunscripciones, dos por primera mayoría y uno por segunda mayoría". Los otros cuarenta y cinco convencionales, serán elegidos cinco en cada uno de los nueve departamentos, por un complejo método que puede beneficiar a la mayoría, si la oposición está muy dispersa. Para obtener esa abrumadora mayoría del 70% de los escaños, el oficialismo de Evo Morales postula dos listas de candidatos en cada circunscripción, para cosechar mayoría y minoría.
Siendo propio de la lógica populista llevar al extremo demandas materiales y simbólicas, se busca que en este proceso constituyente se incluyan varias reivindicaciones en el texto constitucional. Allí figurarán los más variopintos derechos para grupos étnicos, gremiales, económicos y culturales, dando lugar a una constitución que atenderá a aspiraciones sectoriales. Es la fantasía de creer que la mera enunciación de buenas intenciones pudiera derrotar a la pobreza y alcanzar la felicidad, como lo que ha ocurrido con la constitución justicialista de 1949 y la Constitución bolivariana de Venezuela con sus 350 artículos.
Ahora bien: el constitucionalismo liberal nació para limitar el poder del estado, preservando las libertades individuales y salvaguardándolas con las garantías en la parte dogmática. Esto es lo que se entendía cuando se hablaba de Constitución hasta fines del siglo XIX. Pero en el siglo XX se asistió a la tergiversación del constitucionalismo, puesto que se convirtió en la proclamación del absolutismo legal en textos que autorizaban el avasallamiento de los derechos fundamentales, como ocurrió con las pseudo-constituciones de origen soviético y fascista. Esta tendencia se ha reforzado en Sudamérica con el experimento de Hugo Chávez, abriéndole las puertas a sus arbitrariedades, destruyendo el equilibrio de poderes y avanzando sobre la sociedad civil.
Como en la leyenda de Pandora, estos procesos de reforma constitucional abren una caja llena de sorpresas, despertando demonios y males autoritarios que creíamos haber dejado en el pasado. Y como a Pandora, lo que siempre nos queda es la esperanza de volver al constitucionalismo en su sentido original: libertades, garantías y limitaciones al poder.
Ricardo López Göttig es historiador y Director del Instituto Liberal Democrático de CADAL. Autor del libro "Los fundadores de la República" (2006).
envíado por unionporlalibertad | 29 Mayo 2006 | sin comentarios
Por Federico Sosa Valle
Raymond Aron en su libro “Ensayos sobre las libertades” señalaba que existían dos clases de políticos: los gerentes y los emprendedores. Cada uno sabrá dónde poner la connotación positiva en uno y otro término.
Los políticos gerentes son aquellos que acceden al poder merced a ubicarse cerca de algún poderoso “que les abra el juego”. Son los que aparecen un día como diputados de una lista sábana o ministros, sin que nadie los haya conocido nunca antes. A primera vista no parece una ruta que conduzca al cambio político, pero sí puede significar un todo respetable proyecto de vida. De hecho, en los países en los que, en trazos generales, no existen mayores sobresaltos, los políticos gerentes resultan óptimos para mantener la próspera marcha de los asuntos públicos.
Desde el título de este artículo –y aún antes- que nosotros hemos tomado partido por el político emprendedor: Es el que sabe mediar entre las demandas de la sociedad y los recursos políticos disponibles, considera que su cometido es el de crear una estructura política en lugar de aprovechar las existentes y, sobre todo, su acción está orientada por valores. En este caso, el del emprendedor político, los valores y principios informantes del modelo de país que él aspira a ver concretado.
Sin una mística inspirada en anhelos que puedan ser compartidos por todos no hay modo de comenzar ni de continuar. No hay emprendimiento, económico o político, sin una convicción fundada en valores; porque es esta convicción la única que anima al emprendedor a seguir adelante en los inciertos momentos iniciales y a enfrentar los reveses.
Abundan los casos, por supuesto, de políticos gerentes que construyen su propio proyecto político “desde el poder”. Es una vía de hacerse de un capital político que tiene sus contratiempos: compromisos ya asumidos y la falta de la experiencia en la labor de emprender.
Por supuesto, no se es político gerente o emprendedor por pura oportunidad. Es una cuestión de vocación y de talento. Una y otra personalidad no son compatibles con uno y otro rol. Pero sí la oportunidad puede propiciar el progreso de tipo determinado de políticos.
En un escenario en que la crisis de los partidos políticos ha concluido, porque ya no quedan partidos, ha llegado el momento de propiciar el auge de los emprendimientos políticos. Aquellos que buscan el poder generando el consenso de la ciudadanía y que no entienden otra forma de ejercerlo más que preservando los acuerdos que inspiran a toda sociedad organizada.
Artículo publicado en Generación 37
envíado por unionporlalibertad | 21 Mayo 2006 | sin comentarios
Por Claudio Paolillo
Cientos de millones de personas en América y Europa recuerdan desde la semana pasada las caderas de Evangelina Carrozo mejor que los nombres de sus propios presidentes. El trasero de la despampanante modelo entrerriana fue, por lejos, "la" fotografía que monopolizó las portadas de los principales diarios a propósito de la IV Cumbre de Europa, América Latina y el Caribe, que nucleó a 58 presidentes y jefes de Estado en Viena (Austria).
Y, la verdad sea dicha, esa foto se transformó en un buen resumen sobre lo que fue el encuentro, una reunión bastante inútil como muchas de las de ese tipo, donde el carnaval de Gualeguaychú estuvo presente desde el inicio con divertidos clowns como Hugo Chávez, saltimbanquis como Evo Morales y cabezudos como Néstor Kirchner, que hicieron las delicias de los presidentes europeos y de los pocos latinoamericanos serios que van quedando.
Las asentaderas de Carrozo -a quien ya les echó el ojo el productor porteño Gerardo Sofovich, para que muestre en la televisión sus atributos corporales y no los carteles contra las "papeleras" uruguayas (y sólo contra las uruguayas) que le dio la ubicua y oportunista multinacional primermundista llamada "Greenpeace"- fueron, además, una metáfora casi perfecta para el grave conflicto que existe entre Argentina y Uruguay.
¿Por qué? Porque, por un lado, dejaron otra vez en evidencia que las relaciones entre los gobiernos de los "hermanos" del Plata siguen estando "como el traste". Y, sobre todo, porque mostraron la orfandad absoluta de razones que aqueja al gobierno kirchnerista en este diferendo.
Es que toda la batería argumental del gobierno argentino tenía que terminar en una payasada como la de la semana pasada: el primer argumento fue el aliento y la tolerancia de piquetes ilegales contra el libre tránsito de personas y mercaderías en los puentes sobre el río Uruguay; el segundo, la denuncia contra Uruguay ante organismos internacionales; el tercero, las amenazas explícitas contra el vecino chico. El final no podía ser otro que la exhibición mundial de un trasero de origen argentino, tan monumental como la conducta fascistoide del peronismo chantajista y vulgar que practica el actual régimen kirchnerista.
De hecho, las nalgas de Carrozo lucen mucho mejor -y son infinitamente más inofensivas- que lo que hay adentro de las cabezas de los principales gobernantes argentinos de la era que dirige por casualidad el nunca electo del todo Néstor Kirchner. Después de traicionar a sus viejos y (hasta ayer nomás) admirados líderes Carlos Menem y Eduardo Duhalde, Kirchner quiere ahora que nadie se meta en su guerra contra Uruguay de modo de estar en mejores condiciones para someter a este país a sus designios. "Es un conflicto que hay que aislar" dijo el domingo 14 de mayo a periodistas argentinos. Y lo hizo sin que se le notara una pizca de vergüenza. Porque, poco antes, Argentina había super-internacionalizado el conflicto al denunciar a Uruguay ante la Corte de La Haya. ¿Cómo puede afirmar tan suelto de cuerpo Kirchner que quiere "aislar" alguna cosa si al mismo tiempo la está internacionalizando al máximo nivel posible?
La explicación a esta aparente contradicción la dio el mismo Kirchner en esas declaraciones. "Con Uruguay tenemos una relación que va más allá de la cuestión de las fábricas en la ciudad de Fray Bentos (...). Nosotros les damos gas, les damos luz, el 80% de las inversiones en Punta del Este. El otro día, por culpa de una sequía, Brasil les cortó la energía, nos pidieron más y se la pasamos", afirmó en un tono que a algunos les sonó conciliador. De manera que Kirchner, el magnánimo, nos "da" gas, nos "da" luz y nos "pasa" energía. Debe creer que lo hace de puro bondadoso, a cambio de nada. Pero si entiende que él y su gobierno nos "dan" algo, también él y su gobierno pueden creer un día que están en condiciones de "quitárnoslo". "Aislar" el conflicto significa, pues, lo mejor que le puede ocurrir a Kirchner: significa que Argentina puede atacar al Uruguay sin interferencias de terceros. Nadie podrá venir en auxilio del vecino menor. Ni desde el Mercosur, ni desde ninguna parte. Argentina contra Uruguay. Punto.
Se trata de la lógica del matón que es, al mismo tiempo, cobarde y patotero. El matón sabe que carece razón pero también sabe que, contra uno que es mucho más chico, mano a mano tiene más fuerza bruta. Y mientras consiga que los demás no se metan -ni Brasil, que no se ha portado bien con Uruguay en esta controversia, ni ningún otro país de similar porte al de Argentina- Kirchner cree que podrá, a puro prepo, amenazas y extorsiones, doblegar a Uruguay.
En otras palabras: Kirchner no dudará un instante en cortar a Uruguay el suministro de lo que sea para hacerle sufrir, mientras no se someta a su voluntad. Suspenderá, si lo considera necesario, la provisión de gas y de electricidad, pero también el dragado de los canales que permiten a los barcos navegar hasta las costas uruguayas. Y, cuando así lo precise, alentará otra vez a sus piqueteros para que vuelvan a interrumpir el tránsito sobre los puentes internacionales. "Usted no se imagina, pero Kirchner es capaz de hacer cualquier cosa contra Uruguay", me dijo la semana pasada un diplomático que conoce bien de cerca la ilimitada irracionalidad de ese vendaval, mezcla de prepotencia e ignorancia, que ocupa desde el 2003 la Casa Rosada en Buenos Aires.
Desde ya que en esta alcaldada con aire virreinal, nada tiene que ver la ecología o el medio ambiente. Basta ver un informe publicado en la última edición de la revista argentina "Noticias", según el cual en el país de Kirchner "existen diez fábricas que producen celulosa, varias de ellas con tecnología todavía más primitiva que la que se desarrolla en Uruguay". En el país de Kirchner "el boom minero se sustenta en la explotación a cielo abierto con cianuro", "pueblos petroleros como el de Koluel Kaike, en Santa Cruz (feudo donde Kirchner gobernaba antes de saltar a la Presidencia), sufren la contaminación de sus aguas", las reservas de pingüinos peligran por derrames de petróleo y el Riachuelo porteño es un basurero maloliente.
Las "papeleras" uruguayas son una "cuestión de Estado" para el Kirchner "ecológico", pero las porquerías con las que convive su pueblo no ingresan en la categoría. El gobierno argentino va a La Haya y pasea por el mundo los traseros de sus mujeres para acorralar a un vecino al que sabe vulnerable por su tamaño, pero no se ocupa de la ecología en su propio territorio.
El ataque del gobierno argentino a Uruguay es tan infame como desproporcionado. El 28 de setiembre del 2005, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, inauguró en Eunápolis (Bahía) la planta de Veracel Celulose S.A., una sociedad de dos líderes internacionales en el sector: la brasileña Aracruz Celulose y la sueco-finlandesa Stora Enso (también cuestionada ante La Haya por Argentina, aunque no planifique construir su fábrica uruguaya en ningún río fronterizo).
Hablando ante los empresarios y ante los embajadores de Suecia y Finlandia, Lula elogió la instalación de la "papelera", que demandó una inversión de 1.200 millones de dólares, y destacó las diferencias entre su país y los de los inversores europeos, no para atacarlos, sino para aprender de su experiencia. "Un eucalipto, en nuestro clima, da un corte en siete años, contra 30 o 40 años en el caso de un pino en los países nórdicos. Sin embargo, es importante recordar (que) esa desventaja natural no impidió que muchos de esos países desarrollaran una poderosa industria forestal contribuyendo así a colocar a sus pueblos al tope del desarrollo humano en nuestro planeta. Esta es la principal diferencia entre una nación y una colonia abastecedora de materias primas", dijo.
El presidente brasileño marcó su decisión de sacar a su nación de la lista de "países en desarrollo" para hacerla ingresar definitivamente a la de "países desarrollados". Agregó que "para eso, es necesario que haya confianza como esta que ustedes demostraron al hacer esta inversión de Veracel aquí, en el sur de Bahía" e invitó a los empresarios extranjeros a expandirse por todo Brasil.
Eso es lo que precisa Uruguay. También lo precisa Argentina. No hay balandronada patriotera ni ningún meneo de caderas, por más espectacular y efectista que sea, capaz de sacar del pozo a nadie. Ni a los "hermanos" del Plata ni a ninguna otra nación.
Desgraciadamente, Kirchner ya consiguió desatar entre muchos de sus compatriotas los peligrosos demonios del nacionalismo ramplón. La hinchada de Boca Juniors despliega banderas "contra las papeleras" en la Bombonera, las azafatas argentinas de compañías norteamericanas se juegan sus puestos de trabajo al azuzar a los viajeros "contra las papeleras" después de decirles que se abrochen los cinturones y Carrozo es recibida como una heroína de la patria en Gualeguaychú. Ahora que Kirchner se apresta a desempolvar en Plaza de Mayo el jueves 25 la vieja estética fascista del peor peronismo (el bombo en la calle, el acarreo de la gente, "el líder" y el balcón), sería aconsejable que el gobierno de Uruguay se mantenga tranquilo pero atento. No vaya a ser que vuelva a caer en el error de creer que las acciones hostiles del kirchnerismo son "pasajeras" porque "obedecen a un fenómeno electoral".
No lo son. Y el asunto puede llegar a ser mucho más serio.
Mientras ese infantilismo ombliguista siga prevaleciendo en la Casa Rosada, para Argentina no habrá solución posible. Y en ese camino de decadencia y frivolidad, hasta Maradona tendrá chance de ser presidente.
Claudio Paolillo es editor y director periodístico del Semanario Búsqueda (Uruguay) y Director Regional de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Originalmente publicada el 18 de mayo en el semanario Búsqueda de Uruguay.
Artículo publicado por CADAL