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Relocalización de grandes compañías y desarrollo endógeno:

envíado por ESTEBAN | 20 Noviembre 2005 | 1 comentario

Las políticas de localización se mueven en la tensión existente entre la realidad de la dinámica actividad innovadora de la gran empresa y la escasa interacción de estas con el tejido productivo local. Los relevamientos al respecto indican que las grandes compañías absorben casi el 80% de las actividades de I+D privadas, dejando a las claras su rol fundamental en el proceso. Aunque también es cierto que la tendencia indica que estas labores realizadas por las grandes empresas en su gran mayoría se desarrollan en sus casas matrices, situadas en sus países de origen. Esta tensión marcara la relación en las regiones a la hora de darse estrategias de desarrollo exógeno para desarrollar la productividad y competitividad de la zona.

Es a partir de aquí donde la idea de la necesidad de contar con la empresa insignia como condición sine qua non para lograr el desarrollo local comienza a cuestionarse. Máxime teniendo en cuenta que la seducción de las mismas, en la mayoría de los casos, se sostiene a partir de facilidades impositivas y otro tipo de concesiones que afectan en alguna medida las políticas industriales llevadas a cabo por cada región. La medición del verdadero impacto de la instalación de las mismas permitirá tener una estrategia de crecimiento coherente que lleve a la innovación y al desarrollo y que defina de modo eficiente el destino del dinero público brindado para potenciar el entorno.

Por ello, para que un modelo de desarrollo regional con el apoyo de las grandes compañías tenga éxito, las expectativas surgidas a partir de la localización deben confluir. Desde la óptica del territorio, deben desarrollarse las condiciones para la cada vez más pronunciada competencia espacial entre ciudades y regiones. Es aquí donde surgen los nuevos factores útiles de aglomeración como la capacidad innovadora y la necesidad de desarrollar una mano de obra cada vez mas cualificada. Desde la mirada de la gran empresa, lograr las ventajas competitivas que le brinda esta localización, con la posibilidad latente de reducir costes, ganar mercados y en algunos casos, desarrollar nuevos productos. Esta convergencia de expectativas es el único instrumento que posibilitará la idea de la gran empresa como catalizador del desarrollo, atraída por atributos locales, que producirá riqueza y desarrollara las estructuras regionales.

El peso de las pymes en los sistemas productivos locales es más que claro y recibe la atención de diferentes marcos teóricos como la corriente de pensamiento del desarrollo endógeno y cualquier otra fuente inspirada en el desarrollo local, a los cuales personalmente suscribo como marco teórico de valor. Determinados organismos internacionales vuelven a hablar de un desplazamiento en la atención hacia el papel que pueden jugar las grandes empresas y las inversiones procedentes del exterior, después de una época de énfasis en el potencial de las pequeñas empresas y su capacidad local para revitalizar las débiles economías de algunas regiones como por ejemplo las mediterráneas de la Unión Europea. Esta mutación se apoya fuertemente en la supuesta frágil capacidad empresarial de las pymes, incapaz de generar el entorno propicio que lleve al desarrollo, incapacitadas por su alta tasa de mortalidad, sus bajos índices de crecimiento y su especialidad en bienes y servicios de baja calidad destinados a mercados saturados. Pero no es tan nítido este diagnóstico de la pequeña y mediana empresa de base tecnológica, que especializándose en productos y procesos de punta, pueden en muchas ocasiones ganar importantes cuotas de mercado, generando cierta competencia a las grandes multinacionales.

La crisis industrial de finales de los ’70 trajo consigo numerosos cambios en la organización de las empresas. Muchos lo explican como un agotamiento de la producción en serie, como expresión de una gran transición, la transformación histórica de la relación entre producción y productividad. Surgen así las estructuras planas, con una burocracia flexible, más cercana a la demanda y a la calidad, que del mismo modo aprovecha las ventajas que brindan otras regiones a la hora de producir. La nueva fuente de bienestar es el conocimiento, no el trabajo, el capital o la tierra. Se considera que tras un período de transición basado en la producción en masa, vivimos ahora en una etapa de ruptura. Esta flexibilidad debería darle mas libertad de acción a las plantas locales de la gran empresa y su inserción puede generar un ensamblaje idóneo con las estrategias de desarrollo de las regiones

Desde varios organismos internacionales se argumenta esta flexibilización en la estructura organizativa de las empresas y la coherente integración de estas en los sistemas productivos locales. Con esta mirada se intenta abordar el desarrollo local con políticas de incentivo a las grandes compañías. Se plantea que esta sinergia entre la gran empresa y el tejido productivo local llevaría al desarrollo. Este es el camino que toman varias empresas innovadoras que siguen la tendencia de la territorializacion marcada por la globalización en búsqueda de competitividad. También es la senda que siguen las ciudades, sobre todo las regiones periféricas como una herramienta válida para el crecimiento. Urgencias sociales como el desempleo impiden distinguir las herramientas más idóneas para el desarrollo sostenible, cualquier fuente generadora de puestos de trabajo es bienvenida en esta coyuntura donde prima la precariedad e inestabilidad laboral, producto de las fluctuaciones económicas y los ciclos recesivos.

Algunos grupos industriales juegan un papel determinante en el desarrollo local, como Fiat en el área de Turín, Ericcson en el Zamudio de Bilbao, Hewlett Packard en la región Rhone-Alpes y Matra en las aglomeraciones de Toulouse. Pero no hubo uniformidad en las mutaciones organizativas, no todas las trayectorias fueron iguales, también sigue existiendo la empresa con organización jerarquizada, que se mueven bajo una competencia vía precios que de algún modo siguen reproduciendo varias características de la organización fordista. La estructura piramidal de las compañías trasnacionales sigue haciendo mella en el desarrollo local, actuando muchas veces como una traba para la creación de nuevos esquemas de subcontratación y colaboración que ligarían a las subsidiarias con el entorno en el que se localizan de manera genuina. La lupa del análisis hay que ponerla en si la transferencia de recursos como el capital, tecnología, trabajo cualificado, etc. realmente se lleva a cabo, de qué modo y cómo es absorbido por las áreas locales, sus rutinas de trabajo y su mano de obra. Es que esta transferencia difícilmente se produce en su totalidad, ya que en la mayoría de los casos, las plantas subsidiarias adquieren el carácter periférico del territorio también en la producción, haciéndose cargo de tareas rutinarias que difícilmente requieren de mano de obra cualificada. Desde el punto de vista del recurso humano, esta tendencia hasta podría llegar a una depresión de la calificación, infrautilizado conocimiento tácito y localizado.. Cuando necesite mano de obra cualificada, hasta puede actuar como absorbedor de los recursos empresariales y uniformar bajo la dotación de empleo cualificado a potenciales emprendedores locales. El riesgo por desaprovechar la potencialidad innovadora y emprendedora del recurso humano local esta siempre latente cuando se opta por este camino.

Los grupos y las empresas innovadoras tienden a localizar sus plantas en función de los atributos del territorio que le permita obtener ventajas competitivas. Es que la llave del desarrollo exitoso se encuentra en identificar claramente cuales son las ventajas competitivas que brinda la región. No es suficiente con ventajas del tipo mano de obra barata o incentivos fiscales. No es solo la estructura organizativa la que marca el proceso sino también la actividad que lleva a cabo. Porque por más modernizaciones que hayan sufrido las industrias tradicionales, su tendencia a desarrollar sus innovaciones en sus casas matrices es mas que clara.

Para Amin y Tomanei (1994) “habría que diferenciar entre las empresas sensibles al precio y los costes que localizan tareas especificas en las regiones menos desarrolladas, atraídas por los incentivos financieros y los bajos salarios de la mano de obra; y las empresas performance cuya ventaja competitiva proviene de la excelencia de sus productos y buscan localizaciones que pueden ofrecer personal cualificado y entornos ricos en innovación� (Amin-Tomanei, 1994). Continuando con la cita anterior, las empresas performance son aquellas que operan en segmentos de mercado que evolucionan permanentemente, están especializados y son exigentes. Ya no se detienen en los costes y la producción a gran escala, típica de las plantas subsidiarias que realizan actividades diversas pero siempre bajo el paraguas de una estructura jerarquizada y centralizada. Por el contrario, la planta performance se estructura en base a productos y no en tareas, lo que cambia radicalmente su gestión global e industrias como las del software y la microelectrónica son un fiel reflejo de ello. De este modo, las plantas internacionales en el exterior asumen responsabilidad para el desarrollo, producción y comercialización de sus productos.

“La competitividad de una nación es su capacidad de producir bienes y servicios en los mercados internacionales, manteniendo o aumentando los ingresos reales de los ciudadanos. La competitividad es la base del nivel de vida de un país� (OCDE, 1992). A escala macroeconómica, la competitividad puede definirse como la capacidad de las empresas para competir, ganar participación en el mercado, incrementar sus beneficios y crecer. Esta planta performance es la que verdaderamente interactúa con el entorno local, ya que son sus propios gestores los que asumen la toma de decisiones para responder rápidamente con éxito a los cambios de escenarios. No es la misma calidad de una inversión la que se ve atraída por los bajos salarios y los incentivos fiscales que las que buscan un lugar para el conocimiento y el desarrollo de nuevos productos y servicios.

La responsabilidad de las administraciones públicas es aún mayor, teniendo en cuenta que los incentivos y ayudas de los que se nutre para seducir a la instalación de la gran empresa, como dinero público, son un bien común de la ciudadanía, y es su deber rentabilizar dicha inversión con criterio de desarrollo y perspectiva de futuro.


1 comentario - Escribe aquí tu comentario

lo referenció El blog de Esteban Campero el 14 Abril 2006 | 05:29 PM
Las grandes empresas argentinas estan pasando a manos extranjeras

... y que estas suelen llevarla a cabo en sus paises de origen, es evidente que existe una relacion entre la relocalización de las grandes compañías y el desarrollo endógeno. Otras urgencias y la falta de inversion extranjera directa en nuestro pais quizas nos impida prestar atencion a esta tendencia alarmante...





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